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| Rosalia de Castro | ||
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Orrillas del SarI | ||
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A través del follaje perenne que oír deja rumores extraños, y entre un mar de ondulante verdura, amorosa mansión de los pájaros, desde mis ventanas veo el templo que quise tanto. El templo que tanto quise..., pues no sé decir ya si le quiero, que en el rudo vaivén que sin tregua se agitan mis pensamientos, dudo si el rencor adusto vive unido al amor en mi pecho. | ||
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Un manso río, una vereda estrecha, un campo solitario y un pinar, y el viejo puente rustico y sencillo completando tan grata soledad. ¿Qué es soledad? Para llenar el mundo basta a veces un solo pensamiento. Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras el puente, el río y el pinar desiertos. No son nube ni flor los que enamoran; eres tú, corazón, triste o dichoso, ya del dolor y del placer el árbitro, quien seca el mar y hace habitar el polo. | ||
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| En sus ojos rasgados y azules, donde brilla el candor de los ángeles, ver creía la sombra siniestra En sus anchas y negras pupilas, donde luz y tinieblas combaten, ver creía el sereno y hermoso resplandor de la dicha inefable. Del amor espejismos traidores, cuando vuestro fulgor sobrehumano se disipa... ¡qué densas, qué grandes son las sombras que envuelven las almas a quienes con vuestros reflejos cegasteis! | ||
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|   | Del mar azul las transparentes olas sobre la arena, hasta mis pies rodando, tentadoras me besan y me buscan. Inquietas lamen de mi planta el borde, lánzanme airosas su nevada espuma, y pienso que me llaman, que me atraen Mas cuando ansiosa quiero seguirlas por la líquida llanura, se hunde mi pie en la linfa transparente Y huyen abandonándome en la playa a la terrena, inacabable lucha, como en las tristes playas de la vida me abandonó inconstante la fortuna. | |
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| En la altura los cuervos graznaban, los deudos gemían en tomo del muerto, y las ondas airadas mezclaban sus bramidos al triste concierto. Algo había de irónico y rudo en los ecos de tal sinfonía; algo negro, fantástico y mudo que del alma las cuerdas hería. Bien pronto cesaron los fúnebres cantos, esparcióse la turba curiosa, acabaron gemidos y llantos y dejaron al muerto en su fosa. Tan sólo a lo lejos, rasgando la bruma, del negro estandarte las orlas flotaron, como flota en el aire la pluma que al ave noctuma los vientos robaron. | ||
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