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Impias pasiones consumidas por el dulce fuego de la agonia,
sutiles e impulsivas miradas ajenas a cualquier ironia,
amalgama de nobles sentimientos que,perdidos en un eterno instante,
sumergen nuestros labios en un vasto y cálido oceano aparte.
Y mientras sacian su sed nuestras almas rotas,devorandonos la esencia,
mi soledad grita malherida por la calidez de tu presencia,
ya no hay miedo que atormente sin razón mi corazón primero,
y puedo mirarte abiertamente a los ojos y decirte cuanto TE QUIERO.
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