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| José Hierro | ||
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| EL BUEN MOMENTO | NOCHE | |
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Aquel momento que flota nos toca con su misterio. Tendremos siempre el presente roto por aquel momento. Toca la vida sus palmas y tañe sus instrumentos. Acaso encienda su música sólo para que olvidemos. Pero hay cosas que no mueren y otras que nunca vivieron. Y las hay que llenan todo nuestro universo. Y no es posible librarse de su recuerdo. |
Salió desnuda el alma a quemarse en la hoguera. ¡Qué claras da la sombra las estrellas! Se enredaba la noche, azul, entre las piernas. ocultas en los chopos bailaban las doncellas. ¡Qué anunciación, qué víspera de deshojar las nieblas de dos en dos. Las brisas de tres en tres! Estrellas, qué claras dan la sombra las estrellas. | |
| Marzo | ||
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|   | Marzo, lo siento, ya no me conmueve tu pasar, al -perdida la estructura sentimental- sentirte forma pura entre mis dedos pálidos de nieve. Yo no sé qué ha perdido tu relieve, qué fatal, invisible arquitectura de risas. qué alegría, qué hermosura, qué poema de cañas cuando llueve. Delgado manantial de sensaciones, lo siento, marzo, pero no supones ya nada para mí. No sé si todo lo que yo te he pedido me lo has dado, no sé por qué. si no me has defraudado, marzo, desde hoy te miro de otro modo. |
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| Presto | ||
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De todos los que vi (se sucedían fatalmente), de todos los que vi, todos aquellos que solicitaron -de quienes yo solicité- ternura, calor, ensueño, olvido, paz o lágrimas... De todos esos en los que viví, por qué tenias que ser tú, retama matinal, estival, voz derruida, perro sin amo, espuma levantada hacia las noches, agua de recuerdo, gota de sombra, dedos que sostienen un pétalo de sol... por qué tenias, ciega, precisamente que ser tú... De todos los que vi, por qué tenias que ser tú, leño que sobrenadabas... Por qué tenias que ser tú, muralla de ceniza, madera del olvido... Por qué tenias que ser tú, precisa- mente tú, con el nombre diluido, con los ojos borrados, con la boca carcomida, lo mismo que una estatua limada por los siglos y las lluvias... De todos los que vi, desenterrados de las mañanas y los cielos grises... De todos, todos, todos, por qué habías de ser tú sólo quien me entristeciese, quien se me levantase, puño de ola, me golpease el corazón, con esos instantes sin nosotros, caracolas duras, vacías, donde suena el mar de otros planetas... Modelada en sombra y en olvido, tenias que ser tú, melancolía, quien resucitase... | ||
| EL NIÑO DE LA JAULA VACÍA | ||
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Con tus manos hiciste libres
-con tus propias manos- las aves.
Hijo: qué sueñas, sombra, símbolo
del hombre que rompe sus cárceles,
del que libera pensamientos,
palabras que se lleva el aire;
del que dio canto y dio consuelo
y no halló quien lo consolase.
Solitario, mudo, ceñidas
las sienes de hojas otoñales.
En la boca reseca el gusto
de la sal de todos los mares.
La sal que dejaron las olas
de los días al derrumbarse.
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