Poesía
Castellana
Jorge Debravo
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Jorge Debravo (Costa Rica 1938-1967)

Corazón de fracaso
 

 Acerqué mi cabeza a la tierra mojada
y oí mi corazón golpear el mundo.
 En medio del crujido de las rocas
resonaban sus tumbos.
 Corazón de piqueta, ¡pobre loco!
destapando sepulcros.
 Corazón arrugado y triste y flojo
como un armario viejo.
Aún te oigo ahora rodar lápidas
y golpear el pecho de los cerros.
¡Qué gran chorro de sangre colorada
te va a salir del cuerpo,
cuando halles el amor que andas buscando
y sepas - ya a destiempo -
que es pequeño y liviano
como un gramo de viento!
 Pobre trozo de carne dando vueltas,
¡pobre viejo!
El mundo que persigues es un niño
nacido muerto
 La patria que tú buscas está lejos,
más lejos de lo lejos.
 
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De Nosotros los hombres
 


Nosotros los hombres

Vengo a buscarte, hermano, porque traigo el poema,

que es traer el mundo a las espaldas.

Soy como un perro que ruge a solas, ladra

a las fieras del odio y de la angustia,

echa a rodar la vida en mitad de la noche.

Traigo sueños, tristezas, alegrías, mansedumbres,

democracias quebradas como cántaros,

religiones mohosas hasta el alma,

rebeliones en germen echando lenguas de humo,

árboles que no tienen
 
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Caminando
 

 Rodeado de sueños y esperanzas amargas,

voy a gatas sufriendo, caminando la vida,

apartando pedazos de noche con las manos,

preguntado en qué sitio se puede comprar algo

de amor, algo feliz, alguna fruta alegre.

 

La "democracia" duele como una mano rota

y me llena los cuencos de los ojos de sangre.

Cadenas y cadenas chasquean en la sombra.

Millones de puñales enlutados se pegan

a los ojos lo mismo que paredes de tumba.

Los ojos son dos lámparas apagadas, antorchas

sin resina, ventanas con cortinajes negros.

Ninguna puerta se abre tan francamente a la buena,

verdadera, total, democrática siembra.

 

La tierra se avinagra en manos egoístas

y muchas, muchas manos cuajadas de semillas

piden tierra en el nombre de un cristo desnutrido,

y los cristos, en pilas, obstruyen los caminos,

tapian las puertas, cierran las represas del alma,

hacen caer los pies más alegres, atajan

los desfiles de hombres que marchan hacia el canto.

 

Uno compra esperanza en todas las boticas,

pero ya la esperanza no cura las heridas,

no sana las angustias, no cicatriza el hambre

que sangre adentro grita pidiendo libertad,

pidiendo pan, pidiendo vivienda para todos,

silencio para todos, vaso de amor, cuchara

de amor para las bocas que en la noche se abren

como grandes cavernas cuajadas de fracaso...



suficientes resinas amorosas.

Estamos sin amor, hermano mío,

Y esto es como estar ciegos en mitad de la tierra.
 
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