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| Miguel de Cervantes | ||
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| Busco en la muerte la vida | ||
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Busco en la muerte la vida, salud en la enfermedad, en la prisión libertad, en lo cerrado salida y en el traidor lealtad. Pero mi suerte, de quien jamás espero algún bien, con el cielo ha estatuido, que, pues lo imposible pido, lo posible aún no me den. | ||
| Dialogo entre Babieca y Rocinante | ||
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"¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?" "Porque nunca se come, y se trabaja." "Pues ¿qué es de la cebada y de la paja?" "No me deja mi amo ni un bocado." "Anda, señor que estáis muy mal criado, pues vuestra lengua de asno al amo ultraja." "Asno se es de la cuna a la mortaja. ¿Queréislo ver? Miradlo enamorado." "¿Es necedad amar?" "No es gran prudencia." "Metafísico estáis." "Es que no como." "Quejaos del escudero." "No es bastante. ¿Cómo me he de quejar, en mi dolencia, si el amo y escudero o mayordomo son tan rocines como Rocinantes?" | ||
| Elegía el puerto de Cartagena | ||
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De su poema Viaje del Parnaso Con esto poco a poco, llegué al puerto a quien los de Cartago dieron nombre, cerrado a todos vientos y encurbierto. A cuyo claro y sin igual renombre se postran cuantos puertos el mar baña, descubre el sol y ha navegado el hombre... Lleno, pues, de esperanza y vacío temor, busqué luego una fragata, que efectuara el alto intento mío. Cuando por la, que azul, liquida plata vi venir un bajel a vela y remo, que tomar tierra en el gran puerto trata. | ||
| Al tumulo del rey Felipe II en Sevilla | ||
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| Voto a Dios que me espanta esta grandeza Y que diera un doblón por describilla, porque ¿a quién no sorprende y maravilla esta máquina insigne, esta riqueza? Por Jesucristo vivo, cada pieza vale más de un millón, y que es mancilla que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!, Roma triunfante en ánimo y nobleza. Apostaré que el ánima del muerto por gozar este sitio hoy ha dejado la gloria donde vive eternamente. Esto oyó un valentón y dijo: "Es cierto cuanto dice voacé, seor soldado, Y el que dijere lo contrario, miente." Y luego, incontinente, caló el chapeo, requirió la espada miró al soslayo, fuése y no huvo nada. | ||
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