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Rey de las plantas un Laurel altivo
en el prado de España se ostentaba,
glorioso, que el verdor le preservaba
el Cielo entre sus rayos vengativo.
No fue otra vez en la dureza esquivo,
pues de sus mismas hojas coronaba
al que a Mavorte o Palas emulaba;
(los dos al muerto fe eternizan vivo).
Mas, ay, que agora (Oh, Muerte inexorable!)
mano fatal, que de villana arguyo,
quitó a las aves su esperanza y nido.
Pero el Sol que vio el caso lamentable
y en la tierra e! Laurel entristecido,
el Cielo le llevó, que es árbol suyo.
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