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Carlos Gomez Cornejo
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Carlos Gomez Cornejo Bolivia, La Paz, 1898 -?

Enviado por luis.skultety

FRUTO DE SERVIDUMBRE
 
	
Arisca como vicuña,
de almendrados ojos dulces,
con senos como chinchillas
que abajo el corpiño lucen,
inocente y tentadora,
flor silvestre de las cumbres,
la Jesusa era orgullo
entre las imillas púberes.

En la "estancia" y en el pueblo
Jóvenes anhelos núbiles
la codician y la asedian;
pero ella a todos rehuye
como un fantasma de hielo
a fuerza de pesadumbre.

La Jesusa tiene el alma
cubierta de torvas nubes
por eso busca el silencio
'jampiri' del mal que sufre.

Del alba al ocaso, sola
el rebanó conduce
sabe como de sus ojos
lagrimas de sangre fluyen.

La Jesusa nada quiere,
nada pide, nada arguye;
y su mirar que era de fuego
hoy de cenizas se cubre.

Y así va por los caminos
en las mañanas azules,
en las tardes y en las noches
como un ave que se entume.

En la 'estancia' y en el pueblo
aymaras lenguas impunes,
así cantan, donde quiera,
al son de músicas lúgubres.

"El que quiera a la Jesusa,
que bajo el río la busque,
que, amante fiel del "Anchanchu"
por su pasión se consume".

Y el eco, infausto, la sigue
por el valle y la cumbre,
como una sombra pensante
que su existencia destruye.

Mas nadie sabe el motivo
del hondo mal que ella sufre;
¡ y ya en su vientre palpita
pecado que la confunde,
del amo, odiado, la sangre,
fruto vil de servidumbre!

Por eso, arisca vicuña,
de almendrados ojos dulces,
la Jesusa llora sangre,
a fuerza de pesadumbre.



 
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OCASO DE LA HILANDERA
 

Crucificada en la angustia
de sus ventiscas e invierno,
la abuela aymara esta hilando
el vellón de sus recuerdos.

En la puerta de su pampa
descifra la voz del viento:
lejanas palabras jóvenes
con el color de otro tiempo.

(Las nubes, como vellones,
las hilará el aguacero.
El altiplano es la rueca
fecunda de los barbechos).

Hilando, hilando la vida,
por pajonales y cerros,
dejó en todos los caminos
la alegría de sus dedos.

Alegría de la lana,
alegría de vicuñas
en el orgullo policrono
de aguayo, poncho o manteo.

Su mocedad de pastora
Galvanizo cien deseos,
-también mestizos y blancos,-
en el "ayllu" y en el pueblo.

En la puerta de su pampa
la abuela aymara, -un espectro-,
mendiga a un dios que no es suyo
con la voz de su silencio

Que la lechuza de noche
venga a graznar en su techo;
y que la llamen con lágrimas
los "ajayus" de sus muertos.

El "ayllu" ya no la quiere,
ni la reclaman sus nietos.
La abuela aymara se acaba
Como una vela de cebo.

(Ayllu = predio, comunidad.
Ajayu = alma).
 
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