| |
Si como dice Borges con la rosa
el nombre es arquetipo de la cosa,
el Cratilo le sirvió como modelo
para traer a Platón desde su cielo.
Cuando pregunto por la permanencia
que es lo más cercano a la esencia,
sólo encuentro constante e invariable
al nombre como lo identificable.
Es el nombre lo propio y lo arcano,
clasifica lo inmediato y lo lejano,
pone a las cosas el sello distintivo
y a las ideas el mismo sustantivo.
Es con el nombre -el verbo- que hizo Dios
el canto, el tono, la rima y la voz;
la luz, la sombra, el tono y el color,
el pájaro, el nido, lo tibio y el amor.
Es con el nombre como yo te llamo,
en la arena, en el monte o en el llano.
Es con tu nombre con el que desvarío,
pero también me solazo y me sonrío.
Es con el nombre con el que yo nombro
a los que fueron, son y podrán ser,
no hay otra cosa más que el mismo nombre
aún para referirse a él.
| |